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Conversión de vehículos eléctricos: alternativa sostenible para el transporte

Diversas empresas de logística y transporte observan en esta
alternativa la oportunidad de electrificar a sus unidades de última milla

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En los últimos años, las empresas de transporte en México, especialmente aquellas con servicios de entrega de última milla, han buscado descarbonizar sus operaciones a través de la electrificación de sus flotas, lo cual no ha sido tarea sencilla debido, entre otros factores, al elevado costo de las unidades y la disponibilidad de infraestructura de recarga.

Ante estos desafíos, diversas compañías se han visto motivadas a explorar diferentes alternativas para cumplir con sus metas de sostenibilidad, siendo la conversión de vehículos usados de combustión interna a eléctricos una de las más atractivas.

Esta práctica implica la adaptación de vehículos convencionales mediante avanzados procesos de ingeniería, tornándose en una opción que es hasta 50% más económica que la compra de unidades eléctricas nuevas. Esto se debe a la capacidad de aprovechar el chasis y muchos componentes de los camiones intervenidos.

Sin embargo, la conversión de unidades presenta desafíos que deben ser analizados, como la disponibilidad de tecnología adecuada, la edad y condición del vehículo a modificar, así como las necesidades específicas de operación de cada empresa.

Una solución para cada necesidad

En entrevista con Alianza Flotillera, Felipe Gallego, COO y cofundador de MegaFlux, firma líder en el desarrollo de soluciones integrales para la electrificación inteligente de flotas, destacó la importancia de considerar tres elementos clave en los procesos de conversión: la infraestructura de recarga requerida, el tipo de vehículos más adecuados según las operaciones de cada empresa y el servicio postventa necesario.

“Lo primero y más importante es que el cliente entienda el proceso de electrificación de vehículos o flotas. Como empresa mexicana de tecnología original, muchas veces nuestro rol es educar antes que vender. Por ejemplo, una unidad que recorre 50 kilómetros diarios no necesita una autonomía de 200 kilómetros, sino de 100 o 120 máximo”, explicó.

Por tal motivo, es fundamental realizar un análisis operativo detallado de las empresas con el fin de planificar, desarrollar y materializar soluciones de electrificación que mejor se adapten a sus alcances y respondan de manera eficiente a sus necesidades.

En ese tenor, es esencial el diseño integral de un servicio postventa óptimo que incluya mantenimiento preventivo y correctivo de las unidades, asegurando así su operación eficiente y prolongada para su constante circulación.

¿En qué consiste la conversión?

La conversión de un vehículo de combustión interna a eléctrico es un proceso complejo que implica varios pasos clave.

Inicialmente, se retira el motor de gasolina o diésel, junto con componentes como el tanque de combustible y el sistema de escape. Después se realiza un análisis del espacio disponible para adaptar los nuevos componentes y sistemas según los objetivos de diseño. En esta fase, se instala un motor eléctrico, se colocan las baterías y se integra un sistema de gestión eléctrica para optimizar la energía, además de un sistema de carga que puede incluir un cargador conectado a una toma de corriente estándar o a una estación de recarga.

Adicionalmente, se efectúan ajustes mecánicos y estructurales que a veces requieren modificaciones en la suspensión, el sistema de frenado y otros elementos para adecuar el motor eléctrico y las baterías al vehículo.

Cabe destacar que empresas como MegaFlux diseñan, desarrollan y fabrican su propia tecnología y componentes, incluyendo motores, sistemas eléctricos de alto y bajo voltaje, sistemas de distribución de potencia y ensamblaje de paquetes de baterías. Este enfoque añade un valor significativo al proceso técnico y a la calidad de la conversión.

Felipe Gallego explicó que este proceso varía según la unidad que se intervenga. Si nunca se ha trabajado con un determinado modelo y no se cuentan con planos, la conversión se realiza hasta en ocho meses. No obstante, si previamente ya se ha trabajado con el chasis y la marca, el tiempo se reduce a una semana.

Además, señaló que actualmente no existe una normativa específica en el país que vigile cómo se realizan las conversiones, por lo que se adhieren a normas y regulaciones internacionales para garantizar la calidad y seguridad del proceso.

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Impacto sostenible

El especialista subrayó que la conversión eléctrica tiene un impacto significativo. Con base en la experiencia de MegaFlux con Grupo Modelo, uno de sus principales clientes, a quien le electrificaron 10 unidades de reparto, los costos de combustible para estos vehículos se redujeron en un 80%. Asimismo, los gastos de mantenimiento preventivo y correctivo disminuyeron en un 60%.

A lo largo de dos años, estas unidades han evitado la emisión de 120 toneladas de CO₂, lo cual representa un impacto considerable. Inclusive, una de ellas ha recorrido más de 60 mil kilómetros sin mayores contratiempos.

“Nos hemos esforzado por demostrar al mercado que somos un competidor para tener en cuenta. Somos la única empresa en México que fabrica camiones de última milla con tecnología propia en componentes críticos y ofrecemos un servicio integral”, afirmó.

Economía circular

Álvaro de la Paz, Director General y Fundador de Alto Rendimiento Automotriz, empresa especializada en la electrificación de automóviles y vehículos utilitarios, explicó que aunque hace algunos años la conversión era vista como una alternativa para la sostenibilidad, la llegada de unidades eléctricas de última milla, principalmente procedentes de China, ha provocado que en muchas ocasiones sea más atractivo para las empresas comprar vehículos nuevos.

No obstante, según el especialista, dicha práctica no está destinada a desaparecer en el futuro cercano, dado que el concepto de “economía circular” está ganando fuerza en el transporte y otros sectores. Este enfoque busca abandonar la práctica de consumir bienes “vírgenes” para producir productos completamente nuevos, favoreciendo en su lugar el aprovechamiento de materiales usados y la extensión de la vida útil de los vehículos existentes.

“En este sentido, la conversión aprovecha un vehículo ya fabricado, renovando, actualizando y mejorando sus capacidades con tecnología más adecuada para su operación presente y futura”, destacó el directivo en entrevista para Alianza Flotillera.

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