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Cruz Roja Mexicana, la flota de todos

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La Cruz Roja Mexicana cumple 100 años de servicio en el país, con un promedio de atención de ocho de cada 10 servicios de ambulancias solicitados, y con la administración de una flota vehicular confornada en base a donaciones.

Gracias al trabajo de su personal y voluntarios, así como de las aportaciones que diversas asociaciones civiles y la iniciativa privada realizan, para integrar su flota vehicular, esta Institución de Asistencia Privada (IAP) reportó el año pasado aproximadamente un millón de atenciones en ambulancias.

La operación, renovación, mantenimiento, logística y adquisición de las unidades, se rigen con criterios distintos a los utilizados por una flotilla privada con recursos y vehículos propios, ya que la actuación de esta institución depende de las donaciones que recibe.

Los vehículos que emplean se dividen principalmente en tres categorías, según el fin para el que serán destinados: ambulancia, de rescate urbano y administrativos. El primero, está enfocado a la atención médica; el segundo, para el transporte de víveres o herramientas ante siniestros; y el tercero, para uso del personal.

Cuando vamos adquirir algún vehículo, “no hay mucho que escoger”, señaló Isaac Oxenhaut Gruszko, coordinador nacional de socorros, al precisar que en México no existen armadoras que fabriquen especificamente ambulancias, por lo que tienen que ser adaptadas por empresas carroceras especializadas.

A excepción de los vehículos destinados para uso administrativo, las ambulancias deben ser configuradas especialmente para cumplir los objetivos que les fueron asignadas.

De acuerdo a la norma NOM-020-SSA2-1994, que establece las especificaciones con las que una ambulancia debe operar en México, algunas marcas ofrecen a la Cruz Roja Mexicana ciertos ajustes en las unidades vendidas, como lo es un alternador más grande de lo normal y un sistema doble de batería para tener mayor capacidad de energía.

Sin embargo, los vehículos deben ser sometidos a más modificaciones para emplearlos como ambulancias o para el rescate urbano. Tras un concurso para seleccionar al carrocero que hará dicho trabajo, con base a la calidad, garantía, material empleado y el servicio de mantenimiento que ofrezcan, dan inicio a la configuración.

El carrocero es el encargado de adecuar el lugar para el tanque de oxígeno, su ubicación y el número de tomas; mangueras, reguladores, respirador de flemas, el tipo de muebles y sus posiciones, número de gavetas, así como la cantidad de portasueros, luces al interior y torretas.

Por otro lado, a los camiones de rescate urbano les son adaptados cierto número de cortinas y la altura necesaria; las dimensiones de las gavetas, el peso que éstas deben resistir y la posición de la planta de luz.

El trabajo realizado por las carroceras es supervisado en todo momento y de manera gratuita por personal de la empresa a la que se le compró o nos donó el vehículo “para que nos diga qué se puede hacer y qué no, y así conservar su garantía”, explicó Isaac Oxenhaut, quien aseguró que una conversión de este tipo tiene un costo de aproximadamente 200 mil pesos.

Distribución nacional de unidades

Algunas distribuidoras nos dicen que adquieramos un solo modelo de vehículo, pero nosotros nos regimos según nuestras necesidades”, aseguró Isaac Oxenhaut. Sin embargo, no es posible que la institución estandarice su flota debido a que las unidades son operadas en distintas regiones del país cuyas carreteras son diferentes entre sí.

Por lo anterior, se manifiestó convencido de que una camioneta Chevrolet ofrece mayor resistencia en suspensiones que una Mercedes-Benz, para lo cual, la primera es idónea para utilizarla en lugares como la sierra de Guerrero.

La logística de distribución, operación y rutas se basa en este criterio: según el terreno, es la unidad. Las delegaciones estatales de la institución son las encargadas de adquirir sus propios vehículos de acuerdo a sus posibilidades económicas; pero cuando no tienen los recursos suficientes y requieren de ambulancias o camiones, la sede nacional procura otorgárselos.

En este caso, las unidades se entregan equipadas en su totalidad, con factura, póliza de seguros y el rótulo correspondiente, el cual es elaborado por un voluntario que le cobra el material a la institución, mas no la mano de obra.

Una vez que la delegación recibe la unidad, ésta se encarga de su mantenimiento, ya sea que se haga en la agencia o en un taller mecánico. En el Distrito Federal, por ejemplo, la reparación de los vehículos se hace, el mayor tiempo posible, en la concesionaria automotriz.

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