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Conductoras

Operadoras: Ejemplo de lucha e inspiración

Historias de conductoras contadas por mujeres operadoras

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De acuerdo con la Unión Internacional de Transporte (IRU, por sus siglas en inglés), la participación de las mujeres como operadoras en el autotransporte de carga en México es de apenas 2.4%


Ellas son hijas, madres de familia, hermanas, tías, etc., mujeres echadas para adelante que por diversas razones, un día afrontaron la decisión de tomar el volante y conducir algo más que un camión, llevar las riendas de su familia, de su vida, sacar la casta, sin importar el miedo que a veces ofrece la carretera, la incertidumbre a lo desconocido y la ausencia familiar derivado de los largos viajes. 

No obstante, además de compartir la misma pasión por el volante y el diésel, también comparten experiencias similares, la discriminación y el machismo por su profesión. 

En Alianza Flotillera reconocemos el trabajo de operadoras que son fuente de lucha e inspiración para otras mujeres. Ejemplos de sueños materializados. 

Las siguientes historias nos confirman que no hay profesiones para hombres y para mujeres, que todo es posible cuando se trata de perseguir un sueño, que la tenacidad, el orgullo y el profesionalismo también se aprenden en carretera. 

Martha Patricia Solís Sánchez 

La convivencia con su padre, operador de tractocamión, le dio a Paty Solís la oportunidad de aprender a conducir un camión a sus escasos 12 años, experiencia que prolongó hasta los 17 años con viajes de Tijuana a La Paz, momento en el que decidió bajarse de la unidad y hacer una pausa para contraer matrimonio. 

Con el tiempo llegaron los hijos y con ellos, dicha pausa se prolongaría los siguientes 18 años para cuidar de ellos. Con sus hijos ya grandes, Paty desempolvó la inquietud y la pasión de lo que le gustaba hacer: manejar un camión. Decidió así profesionalizar sus conocimientos e ingresó a una escuela de capacitación para operadores de tractocamión. 

Puso en orden todos sus permisos, visa, licencia y todo lo necesario para emprender una nueva etapa en Transportes Ochoa y posteriormente en Cuatrotrucking, donde labora actualmente, con viajes de Tijuana a Los Ángeles a bordo de un Freightliner. 

 

Lo más difícil que he enfrentado en este tiempo es el machismo, me han puesto obstáculos para conseguir trabajo, por el simple hecho de ser mujer; esto, además de tener que dejar a mis hijos

No obstante, el hecho de ser operadora ha dado a Paty la satisfacción y orgullo por realizar lo que siempre le ha gustado, conducir, “me gustan los viajes largos, pongo música y me olvido de lo demás, de los problemas, voy conduciendo y me enfoco en eso”.

Su gusto por la conducción no para y su próximo reto es aprender a manejar avionetas. Reconoce la importancia de que se construyan más escuelas dedicadas a la formación de operadoras, ya que dice, “las mujeres no habíamos tenido la oportunidad de demostrar que sí podemos y que tenemos las mismas habilidades”. 

“Yo siempre le he dicho a mis hijos que el trabajo tiene que respetarse, tienen que ser responsables para no dejar todo tirado. A las nuevas generaciones de operadoras, les diría que no tengan miedo, que hay más oportunidades, que aprovechen las escuelas que se están abriendo, porque somos capaces de eso y más. Todo es posible sólo hay que fijarse una meta”, reitera.

Guadalupe Bravo Cansino

Guadalupe Bravo Cansino

“Comencé manejando un ‘raboncito’ en 2016”, recuerda Guadalupe, “La Traviesa”,  como le gusta que la llamen sus compañeros; antes de esa experiencia, fue taxista y laboró como operadora en una empresa de construcción de cables, empleos que le permitieron sacar adelante a sus tres hijos. 

Siendo taxista se rodeó de amistades que eran operadores, ella les preguntaba cómo podría manejar un camión y, a su vez, le permitían acomodar la unidad o hacer alguna maniobra, fue ganando conocimientos hasta que en 2016 comenzó con un rabón. 

“La base de taxis estaba muy cerca de Autotransportes Gama, y desde ahí veía salir a las 5:00 a.m. el convoy de autotanques. Así nació mi sueño de conducir una pipa, en especial de esta empresa. Yo no fuí a una escuela de manejo, ni tuve la oportunidad, ni dinero para tomar un curso, pero me llamaba la atención el rombo y buscaba qué material traían. Hoy, tengo la oportunidad de que la empresa nos capacite constantemente”, destaca. 

Los límites son mentales, nosotras somos quienes le ponemos límite a nuestros sueños”.

Sin embargo, el machismo que enfrentó en su natal Orizaba la llevó a salir de su comunidad y desplazarse a otras regiones para encontrar empleo, años más tarde cumpliría el sueño de volver a Veracruz y trabajar en la empresa que la inspiró. 

Para Guadalupe, el hecho de transportar material peligroso le da otro nivel de conciencia y responsabilidad, “soy muy precavida, porque si me pasa algo, mis hijos quedarían desamparados. Un operador, deja a sus hijos con su mamá, en el caso de las mujeres que nos dedicamos a esto, la mamá es la que sale a la carretera”. 

Además de la precaución y conciencia vial, Guadalupe le transmite a sus hijos el valor de la responsabilidad y que no importa el género al que pertenezcan, no hay trabajos o colores para hombres o para mujeres, todos podemos desarrollar las mismas habilidades. 

Sabe que el tiempo apremia y que actualmente, las compañías ofrecen mayores oportunidades para las mujeres, donde las capacitan y las emplean. Su siguiente meta, dice, es certificarse como instructor, para capacitar a hombres y mujeres y compartir sus conocimientos. 

Y aunque reconoce que ser operadora  no siempre es valorado por las empresas transportistas, es algo muy bonito para quien se desempeña en esta profesión, pues también ha encontrado hermandad en la carretera, “personas que literalmente se quitan la camiseta por ayudar”, además de ganarse el reconocimiento de sus compañeros y otros conductores. 

Esta unidad la llevó a formar un grupo de WhatsApp con operadoras de distintas empresas que ha encontrado en su camino, quienes se apoyan cuando necesitan algo o bien, simplemente coinciden en alguna parada para comer. 

“A las nuevas generaciones les digo que aprovechen las puertas que se están abriendo, que se capaciten, si tienen alguna duda, pregunten, pero nunca olviden de dónde vienen. También les digo que los límites son mentales, nosotras somos quienes le ponemos límite a nuestros sueños, ¡sí se puede!, no importa a qué quieran dedicarse. Yo pude hacerlo, siendo mamá, sin estudios y sin tener el apoyo”, afirma a bordo del Kenworth que conduce. 

Manuella Flores Martínez 

Manuella Flores Martínez 

Su gusto por viajar le dio a Manuella Flores, “La Peque” (como la conocen sus compañeros),  la inquietud por ser operadora, gusto que se reafirmó con la convivencia con su padrino, quien era operador, “me encantaba cuando llegaba a casa, lo veía muy imponente en su camión”.

Derivado de esta admiración, a sus 18 años, Manuella tomó la decisión de dejar Aguascalientes para capacitarse en la segunda generación de operadores en el Cecati de Nuevo Laredo, “en aquellos años le pedí la oportunidad al señor Roberto Quintanilla, de Transportes Quintanilla, porque sabía que ahí había una operadora, por las mañanas estudiaba y en las tardes trabajaba en los patios de la empresa”.

 Al concluir sus estudios, reunir su documentación y cumplir un periodo como doble operadora, finalmente pudo conducir la primera unidad con viajes de Laredo a Monterrey.

Posteriormente, trabajó en González Trucking, compañía que le dio la oportunidad de realizar cruces a Estados Unidos, pero la vida la llevó a tomar un receso de siete años y en 2016 regresó a laborar, ahora para Transportes Castañeda; poco tiempo más tarde encontraría una oportunidad en M&F Transport (Transportes Medel).

“Fuí de las primeras mujeres operadoras, situación que me llevó a enfrentar el machismo y feminismo, porque en un trabajo que se piensa exclusivo para hombres, es sumamente complicado. Tienes que esforzarte al triple cuando compites por una vacante, porque tienen la vista puesta sobre ti”, asegura.

Esta profesión nos da y nos quita, no tengo palabras para expresar el amor que representa para mí ser operadora”.

Al igual que otras mujeres en esta profesión, Manuella ha sido discriminada por el hecho de ser mujer, “en una empresa me dijeron que mejor fuera a agarrar una máquina de coser. Y cuando me inicié en esta profesión, los compañeros me hacían ‘maldades’, que incluso pudieron ocasionar un accidente”.

“Con los años me he ganado mi lugar en el gremio y he exigido el respeto, porque estamos haciendo lo mismo. Hoy me ven parada en la carretera y me preguntan ‘Peque, ¿ocupas algo?’”, relata.

 Y aunque los poco más de 25 años de profesión no han sido fáciles, pues al igual que para muchos operadores, una de las decisiones más difíciles ha sido dejar a sus hijos por largos periodos, ausencia que, incluso, en su momento le ocasionó el reclamo por su profesión. 

Hoy uno de sus hijos es operador y Manuella les sigue inculcando que no hay imposibles en la vida y que pueden atravesar cualquier obstáculo para cumplir sus objetivos. Asegura que no hay palabras para definir lo que para ella significa ser operadora, sabe que es una mezcla de orgullo, amor por lo que hace y respeto. Ha aprendido a disfrutar cada momento a bordo de la unidad que conduce, un International ProStar 2008.

Su siguiente meta es conservar su empleo, “trabajo para una empresa familiar que tiene una calidad humana increíble y con quien me siento muy agradecida.  Mi mensaje para otras mujeres es que no desistan, que sí se puede. Claro que se van a encontrar obstáculos, pero si quieren alcanzar algo, lo van a lograr, no por demostrarle a alguien, sino para demostrarse a sí mismas. De todas las puertas que toquen una tiene que abrirse”.

Mariana Concepción Gracia Salvador 

Conductora Mariana Concepción Gracia Salvador 

Fiel a las costumbres de su pueblo en Orizaba, Veracruz, Mariana se casó a sus escasos 14 años, con un operador que casi le triplicaba la edad, situación que la puso en la carretera a muy corta edad, pues disfrutaba acompañarlo a los viajes que él hacía, como parte de su trabajo. Dos décadas después reconoce que no fue el mejor maestro que tuvo, pero le enseñó a conducir y aprender de la profesión. 

“¿Cuándo me di cuenta que quería ser operadora? Cuando tuve que separarme de él, yo no sabía hacer otra cosa, más que manejar, había salido de mi casa siendo una niña y para ese entonces, yo tenía un bebé de brazos, lo único que sabía era manejar”, comenta. 

La oportunidad de tomar el volante sucedió cuando los jefes de su exmarido le ofrecieron empleo, ya habían notado que sabía manejar, pues en diversas ocasiones, Mariana iba a entregar el camión a causa del alcoholismo de su entonces pareja. 

Un día decidí tomar el toro por los cuernos”.

“Me ofrecieron trabajo, porque les faltaban operadores, pero yo no tenía los documentos que solicitaban, ni sabía que era un apto médico, entre otras cosas. Tenía miedo y un día decidí ‘tomar el toro por los cuernos’. Ellos me ayudaron a sacar todos mis papeles”, rememora agradecida. 

Hoy, a 20 años de ese acontecimiento, Mariana reconoce que lo más difícil de esta profesión fue criar a su hijo arriba de un camión y estar lejos de su familia. Al igual que la gran mayoría de operadoras que se desempeñan en esta industria afirma haber tocado puertas y ser discriminada por el hecho de ser mujer. 

“En una empresa transportista aprobé todos los exámenes y pruebas, al final me dijeron, ‘aquí no contratamos mujeres’, algunos compañeros me han dicho; ‘eres mujer, tienes que estar en la casa atendiendo al marido’”, menciona. A pesar de las adversidades, Mariana es feliz con la profesión que desempeña, encontró un trabajo que le apasiona y que lleva a cabo con responsabilidad, disfruta de la carretera. 

Por este motivo, hace un llamado a las mujeres que quieren iniciar en esta profesión, que aprovechen la oportunidad de capacitarse en alguna institución, pero principalmente, que no bajen la guardia, “si alguien les dice ¡no!, sigan tocando puertas y no tengan miedo”. 

María Teresa Huelitl Bonilla 

María Teresa Huelitl Bonilla 

De sus 39 años de edad, Fabiola Lugo ha dedicado la mitad de su vida a ser operadora. En 2004 tocó por primera vez las puertas de una empresa transportista y seis meses después, luego de cumplir con la tramitología, se le otorgó la oportunidad con la que dio vida a uno de sus sueños.

Para Fabiola no hay imposibles y afirma que en las últimas dos décadas nada ha sido difícil, pues su profesión la desempeña con amor a bordo de su unidad Zafiro.

 “Me han dicho que somos las primeras causantes de accidentes, pienso que todos podemos desarrollar las mismas habilidades. En mi caso, me mantengo en constante capacitación para ofrecer un mejor servicio”, afirma.

Señala que la responsabilidad es uno de los valores más importantes que busca transmitir a sus tres hijos, quienes se muestran orgullosos y felices por los logros de su madre.

Ser operadora es mi pasión, lo llevo en la sangre”.

“Empecé a soñar con conducir una unidad a los 18 años, fue así como logré ser operadora de transporte público. Mi siguiente objetivo es manejar un tráiler, porque quiero encontrar nuevas oportunidades para sacar a mis hijos adelante”, agrega.

 Pero no todo ha sido miel sobre hojuelas, porque así como ha encontrado el apoyo de compañeros, también “he recibido críticas de otros compañeros, me dicen que mejor regrese a mi casa”. 

“Mi consejo para otras mujeres es que no tengan miedo, que demuestren que pueden, que pertenecer al sexo opuesto no define nuestra capacidad, que luchen por su familia. Oportunidades hay, sólo falta buscarlas. Es muy satisfactorio cuando la gente te reconoce por tu trabajo”, reafirma Cristina.

Viridiana Castillo Ruíz 

Conductora Viridiana Castillo Ruíz 

Entre hermanos no sólo se comparte el ADN, juegos y peleas, también pueden sentir la misma pasión por algo. Es el caso de Viridiana Castillo, quien aprendió a conducir gracias a sus hermanos, operadores de tractocamión, gusto que descubrió a los nueve años de edad. 

“Perdí un año en la escuela, tenía ocho años, uno de mis hermanos trabajaba en Saori en Mexicali, Baja California, subía a dejar cartón y atravesabamos La Rumorosa. Ellos me enseñaron la responsabilidad que implica ser operador, que tienes que estar a tiempo, que tienes que soportar frío, calor y todo”, rememora. 

Pero fue hasta hace alrededor de tres años cuando tuvo la oportunidad de conducir una unidad de mayor capacidad, situación que le abrió las puertas para demostrar sus conocimientos en empresas de Mexicali y posteriormente regresar a su lugar de nacimiento, Los Mochis, Sinaloa, con Los Urbanos, compañía dedicada al servicio de transporte público urbano.

Ser operadora es algo que llevo con respeto, pasión y esfuerzo”.

 Reconoce que en Baja California no tuvo situación alguna para que se le abrieran las puertas por ser mujer, no obstante, en Sinaloa ha sido más difícil la lucha por colocarse en una empresa transportista. 

“Es mi pasión traer mi unidad, gracias al apoyo de mi familia, mi esposo y mi hija lo he logrado. Las empresas ven que soy responsable y eso les da más confianza. Porque ser operadora conlleva mucha responsabilidad, en mi caso, traigo vidas humanas, a las personas que llevo las espera su familia”, destaca. 

Su siguiente objetivo es continuar capacitándose, obtener su licencia federal e ir a laborar a Estados Unidos. 

Afirma que “nunca falta algún machista”, pero afortunadamente siempre ha tenido el apoyo de sus compañeros, quienes le dan consejos para traer su unidad en las condiciones adecuadas. 

Agradece la confianza que han depositado en ella y la oportunidad para realizar sus sueños, dominar el volante, así como el reconocimiento de compañeros y las personas que transporta de un lugar a otro. 

“Yo le diría a las mujeres que jamás crean cuando un hombre u otra persona les diga ‘no lo vas a poder hacer’, el principal objetivo es que te guste, que te apasione, que digas ‘no vengo a ver si puedo, sino porque puedo vengo’. No va a ser fácil, el camino tiene obstáculos, pero no es imposible. A los hombres, les digo que no llegamos para quitarle el trabajo a nadie, laboramos las mismas horas y tenemos las mismas complicaciones”.

Rocío Hernández Ramos

Rocío Hernández Ramos

Originaria de Ciudad Guzmán, Jalisco, Rocío Hernández entró al mundo de la conducción en 2009, gusto que heredó de su padre, quien era operador de tractocamión, él mismo fue quien desde que ella era niña le enseñó a manejar, “yo le decía que cuando creciera iba a ser operadora”.

En 2008, Rocío recibió la invitación para conducir la unidad que era de su padre, quien lamentablemente falleció en un accidente. “Decidí tomar el trabajo, porque en ese entonces se había quedado mi madre viuda con mi hermano de 12 años y yo, era madre soltera con tres hijos. Trabajaba en Estados Unidos cuando mi papá se accidentó y tuve que regresar, en ese momento mi vida cambió. Recuerdo que ya desde niña cuando viajaba con mi papá disfrutaba mucho andar en carretera, porque veía los paisajes, me encantaban los amaneceres”.

Mi profesión es herencia de mi padre, es mi pasión y algo que hago de corazón”.

No obstante, comenta, “lo más difícil que he enfrentado fue cuando recién llegué, porque nunca había laborado una mujer en la fletera y como es normal había desconfianza en mis capacidades, no a todos mis compañeros les fue fácil verme aquí, y sí vi algunas actitudes un poco hostiles de su parte, pero con trabajo, respeto y el respaldo de la empresa todo se acomodó y hoy somos un gran equipo. En donde actualmente estoy laborando soy la única mujer y me siento muy contenta y orgullosa de representar a la empresa. 

 Así, con la profesión que desempeña todos los días, Rocío busca transmitir a sus cuatro hijos el valor de tener un trabajo digno, no buscar el dinero fácil y aunque fue mamá soltera siempre buscó la manera de sacarlos adelante, aunque ello significaba sacrificar el tiempo a su lado.    

Hoy en día conduce una pipa grado alimenticio de 38 toneladas, además de estar lista para conducir unidades con caja seca y fulles. “Anteriormente creían que éramos débiles, que no podíamos con el oficio, porque era de 24 horas, hemos demostrado que tenemos la misma capacidad y responsabilidad”.

 Para las nuevas generaciones, hace un llamado para que busquen escuelas para mujeres operadoras, “una tiene que buscarle, tocar puertas y animarse. El que no arriesga no gana.  Luchen por sus sueños y alcancen lo que quieren”.

Cristina Fabiola Lugo Palacio 

Conductora Cristina Fabiola Lugo Palacio

De sus 39 años de edad, Fabiola Lugo ha dedicado la mitad de su vida a ser operadora. En 2004 tocó por primera vez las puertas de una empresa transportista y seis meses después, luego de cumplir con la tramitología, se le otorgó la oportunidad con la que dio vida a uno de sus sueños.

Para Fabiola no hay imposibles y afirma que en las últimas dos décadas nada ha sido difícil, pues su profesión la desempeña con amor a bordo de su unidad Zafiro.

 “Me han dicho que somos las primeras causantes de accidentes, pienso que todos podemos desarrollar las mismas habilidades. En mi caso, me mantengo en constante capacitación para ofrecer un mejor servicio”, afirma.

Señala que la responsabilidad es uno de los valores más importantes que busca transmitir a sus tres hijos, quienes se muestran orgullosos y felices por los logros de su madre.

“Empecé a soñar con conducir una unidad a los 18 años, fue así como logré ser operadora de transporte público. Mi siguiente objetivo es manejar un tráiler, porque quiero encontrar nuevas oportunidades para sacar a mis hijos adelante”, agrega.

 Pero no todo ha sido miel sobre hojuelas, porque así como ha encontrado el apoyo de compañeros, también “he recibido críticas de otros compañeros, me dicen que mejor regrese a mi casa”. 

“Mi consejo para otras mujeres es que no tengan miedo, que demuestren que pueden, que pertenecer al sexo opuesto no define nuestra capacidad, que luchen por su familia. Oportunidades hay, sólo falta buscarlas. Es muy satisfactorio cuando la gente te reconoce por tu trabajo”, reafirma Cristina.

Wendy Yaneth Bautista

Wendy Yaneth Bautista

El gusto por manejar un tractocamión comenzó cuando Wendy acompañó a su tío a un viaje, despertando su inquietud por la manera de trabajar y lo que hacía un operador, además del contacto con la carretera y los paisajes. 

Fue así como la experiencia de colegas, su pareja y el apoyo invaluable de su familia fue indispensable para dotarla  del conocimiento para manejar una unidad, hoy conduce una pipa de 35 toneladas International LT.

“Lo más complicado ha sido lidiar con el machismo que todavía existe en este ambiente. A los operadores se les pide contar con la experiencia necesaria para conducir una unidad, lo cual se complica aún más cuando eres mujer. Encuentra uno de todo, a veces te dicen, ‘si no puedes, bájate del carro, para qué te metes a trabajar en esto’  o ‘tú deberías estar en tu casa’, lo cual es muy denigrante”. 

Ser operadora es una gran responsabilidady orgullo, por que soy mujer”.

Por ello, ve con buenos ojos el crecimiento de escuelas de capacitación para mujeres que quieren ser operadoras, porque esto impulsa a que las empresas tengan mayor confianza en contratar conductoras. Agradece la capacitación constante que recibe, ya que transporta materiales peligrosos, lo que requiere una formación más exigente. 

Para Wendy, la responsabilidad es un valor que busca transmitir a sus hijos, que se planteen un objetivo y que luchen por alcanzarlo, que no se detengan. Comenta que su sueño es conducir por las carreteras de otros países

Invita a otras mujeres a perseguir sus sueños, “cuesta mucho trabajo alcanzar los objetivos, pero sí se puede, manejar una unidad es pesado, no se den por vencidas, se puede salir adelante y no se sientan humilladas por los comentarios de otras personas, al contrario, échenle más ganas”.

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