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Reflexión para fin de año

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Que te alaben, oh Dios, los pueblos; que todos los pueblos te alaben. Te damos gracias, oh Dios, te damos gracias e invocamos tu nombre; ¡todos hablan de tus obras portentosas!

Esto es lo que dice el Señor, tu redentor, el santo de Israel: Yo soy el Señor tu Dios, que te enseña lo que te conviene, que te guía por el camino en que debes andar.

Salmo 67:2 y 75:1; Isaías 48:17

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Doce campanadas y doce uvas nos anuncian la llegada de un año nuevo más. Este será otro ciclo para crear lo que queramos obtener; algunas metas no las concluimos durante el 2010, pero tenemos una nueva oportunidad para terminarlas con satisfacción.

En este sentido, resulta oportuno fijarnos nuevos propósitos como: pedirle a Dios que nos llene de amor para ser mejores seres humanos. Sin embargo, antes es necesario hacer un acto de reflexión y agradecer todas las bendiciones recibidas y, en su caso, pedir perdón por los errores cometidos.

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En estos últimos momentos del año que hoy termina, heme aquí, Señor, en el silencio y en recogimiento para decirte gracias, para solicitarte ayuda, para implorarte perdón.

Gracias:

Gracias, Señor por la paz, por la alegría, por la unión que los hombres, mis hermanos, me han brindado, por esos ojos que con ternura y comprensión me miraron.

Por esa mano oportuna que me levantó, por esos labios cuyas palabras y sonrisa me alentaron, por esos oídos que me escucharon, por ese corazón que amistad, cariño y amor me dieron.

Gracias, Señor por el éxito que me estimuló, por la salud que me sostuvo, por la comodidad y diversión que me descansaron.

Gracias, Señor… me cuesta decírtelo… por la enfermedad, por el fracaso, por la desilusión, por el insulto, por el engaño, por la injusticia, por la soledad, por el fallecimiento del ser querido.

Tú lo sabes, Señor, cuán difícil fue aceptarlo; quizá estuve al punto de la desesperación, pero ahora me doy cuenta que todo esto me acercó más a ti.

¡Tú sabes lo que hiciste!

Gracias, Señor, sobre todo por la fe que me has dado en ti y en los hombres.

Por esa fe que se tambaleó, pero que tú nunca dejaste de fortalecer cuando tantas veces encorvado bajo el peso del desánimo me hizo caminar en el sendero de la verdad a pesar de la oscuridad.

Ayuda:

Te he venido también a pedir por el año que muy pronto va a comenzar. Lo que el futuro me deparará, lo desconozco Señor. Vivir en la incertidumbre, en la duda, no me gusta, me molesta, me hace sufrir.

Pero sé que tú siempre me ayudarás.

Yo te puedo dar la espalda, soy libre. Tú nunca me la darás, eres fiel. ¡Gracias por tu fidelidad, amor y por tu misericordia!

Yo sé que me tenderás la mano. Tú sabes que yo no siempre la tomaré. Por eso, hoy te pido que me ayudes a no soltarme de tu mano, que llenes mi vida de esperanza y generosidad. No abandones la obra de tus manos, Señor.

Perdón:

No podría retirarme sin pronunciar esa palabra que tantas veces te debí de haber dicho, pero que por negligencia y orgullo he callado, perdón, Señor, por mis errores, descuidos y olvidos, por mi orgullo y vanidad, por mi necedad y capricho, por mi silencio y mi excesiva locuacidad.

Perdón, Señor, por prejuzgar a mis hermanos, por mi falta de alegría y entusiasmo, por mi falta de fe y confianza en ti, por mi cobardía y mi temor en mi compromiso.

Perdón, porque me han perdonado y no he sabido perdonar.

Perdón por mi hipocresía y mi doblez, por esa apariencia que con tanto esmero cuido pero que en el fondo no es más que engaño a mi mismo(a).

Perdón por esos labios que no sonrieron, por esa palabra que callé, por esa mano que no tendí, por esa mirada que desvié, por esos oídos que no presté, por esa verdad que omití, por ese corazón que no amó… por ese yo que se prefirió.

Señor, no te he dicho todo. Llena con tu amor mi silencio y cobardía.

Gracias por todos los que no te dan gracias. Ayuda a todos los que imploran tu ayuda. Perdón por todos los que no suplican perdón.

En tu nombre Dios, y en el del Señor Jesucristo y con la llenura del Espíritu Santo, inicio el año nuevo.


¡Gracias por el regalo de la vida!

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