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El árbol de manzanas

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Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que el Señor, tu Dios te da.

Éxodo 20:12

Respeten todos ustedes a su madre y a su padre, y observen mis sábados. Yo Soy El Señor su Dios.

Levíticos19:3

¡Que se alegren tu padre y tu madre! ¡Que se regocije la que te dio la vida!

Proverbios 23: 25

Esta historia nos hace pensar en nuestros padres; cuando somos niños los amamos, y jugamos con mamá y papá… cuando crecemos, los dejamos, y algunos sólo regresamos a ellos cuando los necesitamos o estamos en problemas. No importa lo que sea, ellos siempre están ahí para darnos todo lo que puedan y hacernos felices.

Y si aún no eres padre, en algún momento, muy probablemente, lo serás… Aprovecha mientras los tienes a tu lado, no sea que pronto tengas que arrepentirte y no puedas devolver el tiempo.

Hace mucho tiempo, existía un enorme árbol de manzanas. Un pequeño niño lo amaba mucho y todos los días jugaba alrededor de él.

Trepaba al árbol hasta el tope, comía sus manzanas y tomaba una siesta bajo su sombra. Él amaba al árbol y el árbol amaba al niño.

Pasó el tiempo y el pequeño niño creció y él nunca más volvió a jugar alrededor del enorme árbol. Un día, el muchacho regreso al árbol y escuchó que el árbol le dijo triste: “¿Vienes a jugar conmigo?”, pero el muchacho contestó: “Ya no soy el niño de antes que juega alrededor de enormes árboles… lo que ahora quiero, son juguetes y necesito dinero para comprarlos”.

Lo siento”, dijo el árbol, “pero no tengo dinero… pero te sugiero que tomes todas mis manzanas y las vendas, de esta manera tú obtendrás el dinero para tus juguetes”. Y el muchacho se sintió muy feliz. Tomó todas las manzanas y obtuvo el dinero y el árbol volvió a ser feliz. Pero el muchacho, nunca volvió después de obtener el dinero y el árbol volvió a estar triste.

Tiempo después, el muchacho regresó y el árbol se puso feliz y le preguntó: “¿Vienes a jugar conmigo?”.

No tengo tiempo para jugar, debo de trabajar para mi familia, necesito una casa para compartir con mi esposa e hijos, ¿puedes ayudarme?”, dijo el muchacho.

Lo siento, pero no tengo una casa, pero… tu puedes cortar mis ramas y construir tu casa”, contestó el árbol.

El joven cortó todas las ramas del árbol y esto hizo feliz nuevamente al árbol, pero el joven nunca más volvió… desde esa vez, el árbol volvió a estar triste y solitario.

Cierto día de verano, el hombre regresó y el árbol estaba encantado. “¿Vienes a jugar conmigo?”, volvió a preguntar el árbol.

El hombre contestó: “Estoy triste y volviéndome viejo, quiero un bote para navegar y descansar, ¿puedes darme uno? El árbol contestó: “Usa mi tronco para que puedas construir uno y así puedas navegar y ser feliz”. El hombre cortó el tronco y construyó su bote, luego se fue a navegar por un largo tiempo.

Finalmente, regresó después de mucho tiempo y el árbol le dijo: “Lo siento mucho, pero ya no tengo nada que darte, ni siquiera manzanas”. El hombre replicó: “No tengo dientes para morder, ni fuerza para escalar… por ahora ya estoy viejo”.

Entonces, el árbol con lágrimas en sus ojos le dijo: “Realmente no puedo darte nada, la única cosa que me queda son mis raíces muertas”. Y el hombre contestó: “Yo no necesito mucho ahora, sólo un lugar para descansar, estoy tan cansado después de tantos años”.

Bueno las viejas raíces de un árbol, son el mejor lugar para recostarse y descansar, ven siéntate conmigo y descansa”, señaló el árbol. El hombre se sentó junto al árbol y éste feliz y contento sonrió con lágrimas.

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