En el mundo del autotransporte de carga, donde el rugir de los motores ha sido por décadas un territorio masculino, mujeres como Mayra Eréndira Nájera Miramontes están abriendo un camino de oportunidades e inclusión.
Mayra es operadora de Nájera Trucking, empresa familiar liderada por su hermano, y representa a una nueva generación de mujeres que no sólo se suben al tractocamión, sino que además lo hacen suyo con valentía, disciplina y orgullo.
Aunque hoy el volante es parte esencial de su vida, su historia no comenzó directamente en el autotransporte.
Mayra es contadora de profesión, pero como ocurre con muchas mujeres en México, encontró que su carrera no le ofrecía una remuneración acorde a su esfuerzo. Fue entonces cuando decidió escuchar “una pasión que siempre había llevado dentro: conducir camiones”, explica en entrevista con Alianza Flotillera.
Curiosamente, pese a venir de una familia de operadores, su padre y su hermano incluidos, fue su pareja quien se convirtió en su principal maestro.
Yo le pedí a mi esposo que me enseñara y él me apoyó desde el principio”, recuerda con afecto.
Desde 2018, Mayra ha recorrido carreteras de Baja California como operadora profesional, construyendo una trayectoria que hoy suma casi ocho años. Para ella, manejar un tractocamión va mucho más allá de un empleo. Es una experiencia de libertad. “Me encanta sentirme libre, sentir el aire de la libertad arriba del tractocamión”, expresa con una sonrisa.
Con valentía y determinación
Cada viaje representa un espacio propio, un logro conquistado en una industria que no siempre abre las puertas fácilmente a las mujeres. Mayra reconoce que el autotransporte está lleno de retos para ellas. Aunque ha encontrado colegas solidarios dispuestos a ayudar cuando surge algún problema, también ha enfrentado actitudes difíciles. Sin embargo, lejos de desanimarla, esas experiencias la han fortalecido.
Eso te da coraje, te da fuerza y te hace decir: yo puedo”, afirma con determinación.
En el camino ha conocido a otras operadoras, pocas aún, pero unidas por una hermandad. Cada encuentro en carretera es un saludo con complicidad y orgullo compartido, la certeza de que juntas están abriendo brecha para muchas más.
Mayra Nájera ha aprendido también a convivir con respeto en un entorno mayoritariamente masculino. Sociable, pero firme en sus límites, mantiene relaciones cordiales sin perder su espacio personal. Una actitud que le ha permitido desenvolverse con seguridad y profesionalismo.
Pero su mayor reto, como ella misma reconoce, ha sido equilibrar la vida laboral con la maternidad. Madre de dos hijas, hoy de 25 y 22 años, sabe que combinar largas jornadas de trabajo con las responsabilidades familiares no es tarea sencilla.
Ser mamá y trabajar es un reto súper pesado para una mujer”, confiesa, sin victimizarse, pero con honestidad.
Afortunadamente, sus hijas han sido su mayor motor. Lejos de reprocharle el tiempo fuera de casa, se sienten profundamente orgullosas de ella.
Eso me motiva a echarle más ganas”, dice emocionada. Para ellas, su madre no sólo es una operadora, es un ejemplo de esfuerzo, independencia y valentía.
Mujeres al volante
Mayra envía un mensaje poderoso a las niñas y jóvenes que sueñan con subirse a un tractocamión, pero tienen dudas e, inclusive, miedo. “El temor siempre va a estar, pero hay que hacerlo rollito y aventarlo. El miedo nunca nos va a dejar avanzar. La vida es muy corta para quedarse con las ganas”, aconseja con convicción.
Además, celebra que cada vez más mujeres se integren al sector, no sólo por inclusión, sino por independencia económica. Para ella, la solvencia financiera es una forma de libertad: la posibilidad de elegir estar con alguien por amor y no por necesidad. “Prepárense, estudien, luchen por lo que quieren”, insiste.
Aunque reconoce que el trabajo es físicamente demandante y que en el futuro le gustaría emprender o ahorrar para una etapa distinta de su vida, hoy se siente plena como operadora. Incluso sueña con capacitar a nuevas generaciones de mujeres, motivarlas como ya lo ha hecho con amigas y conocidas que hoy estudian o persiguen nuevos proyectos gracias a su ejemplo.
Mayra Nájera no sólo conduce un tractocamión; conduce un cambio cultural en el autotransporte mexicano. Con cada kilómetro recorrido demuestra que el volante no tiene género, que la fuerza también se construye con sensibilidad y que las mujeres tienen un lugar y un futuro cada vez más sólido en las carreteras de México.
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