En México, es frecuente observar en las calles vehículos destinados a realizar labores de seguridad pública y privada; sin embargo, pocas veces se repara en las características que deben incorporar dichas unidades para cumplir con estas funciones, cuyas exigencias van más allá de las de un automóvil de uso particular o comercial.
Actividades como el patrullaje, la vigilancia, la reacción a situaciones de emergencia, la custodia y la protección ciudadana requieren configuraciones específicas para soportar jornadas prolongadas, transportar a personal y equipo especializado y, en determinados casos, responder ante escenarios de riesgo.
Por ello, la elección de una unidad para este tipo de labores debe considerar no sólo su potencia o capacidad de carga, sino también su resistencia, tecnología, equipamiento y posibilidad de adaptación.
Exigencia total
Algunas de las principales diferencias de estos vehículos se encuentran en la estructura y los componentes mecánicos, como la suspensión, los frenos, la transmisión y el chasis, los cuales deben estar preparados para soportar un uso intensivo, maniobras frecuentes y el peso adicional de radios, cámaras, torretas, computadoras, herramientas y otros elementos.
Aarón Guerrero, Gerente de Relaciones Públicas de Jeep, Peugeot y RAM en Stellantis México, explica que las instituciones de seguridad también valoran aspectos como el desempeño, la eficiencia, el tamaño y la capacidad de maniobra, además de la experiencia de la marca y su respaldo postventa.
De acuerdo con Guerrero, países como México añaden otro factor importante: las condiciones geográficas, ya que las diversas temperaturas, altitudes, caminos y entornos urbanos pueden modificar el desempeño de un vehículo, lo que orilla a las organizaciones a buscar unidades cuya tecnología haya sido probada en varias condiciones.
En entrevista con Alianza Flotillera, el ejecutivo señala que, en este segmento, la tracción 4×4 puede convertirse en un elemento determinante, particularmente cuando se requiere combinar maniobrabilidad urbana con capacidad para enfrentar terrenos más exigentes.
Cabe destacar que la robustez también puede comenzar desde la especificación de fábrica. Aarón Guerrero explica que RAM realiza adecuaciones técnicas para favorecer el desempeño de sus vehículos en México y, en determinados proyectos, el grupo de ingeniería de Stellantis México trabaja con empresas dedicadas a la conversión para validar las modificaciones necesarias.
Muchas veces la especificación de algunos de nuestros productos se realiza con componentes más robustos para garantizar el uso de este tipo de aplicaciones”, apunta.
Listos para la acción
Los vehículos policiales, por ejemplo, permiten observar con mayor claridad estas diferencias, como lo indica Adrián Arias, Director para México de Ford Pro, quien explica que las unidades especializadas de la compañía han sido desarrolladas tomando como referencia las necesidades que se buscan atender.
Para ello, la estructura de estos vehículos añade modificaciones específicas como el uso de rines de acero diseñados para uso rudo, suspensión reforzada y materiales interiores de alta resistencia, elementos que buscan responder al desgaste que implica este tipo de operación.
En paralelo, el directivo destaca que el habitáculo también deja de ser un espacio pensado exclusivamente para el confort, pues una unidad de seguridad debe convertirse en una zona de trabajo donde el personal pueda transportar y utilizar equipo sin interferir con la conducción.
La disponibilidad inmediata también puede formar parte de la ingeniería del vehículo. Arias explica que modelos como Explorer Police poseen un sistema de ralentí que permite mantener el motor encendido aun cuando se retira la llave, con el objetivo de facilitar una salida rápida en situaciones de emergencia. A ello se suma un modo de persecución y una prueba de impacto trasero a más de 120 kilómetros por hora, características que reflejan que la unidad fue concebida alrededor de escenarios operativos específicos y no simplemente adaptada después de su fabricación.
Tecnología para la protección
La tecnología de asistencia a la conducción representa otra área de oportunidad. En ese tenor, Aarón Guerrero indica que los sistemas ADAS, como las advertencias de colisión, el control de estabilidad y el control de tracción, pueden aportar beneficios adicionales cuando un vehículo es conducido bajo condiciones de presión o durante maniobras de respuesta. El ejecutivo considera que estas tecnologías “resultan muy útiles para estas aplicaciones y permiten que los vehículos sean mejor aprovechados por los oficiales”.
Asimismo, las unidades de seguridad requieren una integración electrónica y de comunicaciones que difícilmente se encuentra en un vehículo convencional, como el uso de radios, antenas, geolocalización, cámaras, grabadores, terminales de datos y enlaces con centros de monitoreo, los cuales forman parte de una arquitectura que permite coordinar equipos, solicitar apoyo, documentar incidentes y conocer la ubicación de las unidades.
Cuando el nivel de amenaza lo requiere, como en labores de seguridad nacional, la transformación puede ser todavía más profunda con la incorporación de blindaje. Omar Lara, Presidente de la Comisión de Blindaje Automotriz del Consejo Nacional de la Industria de la Balística, explica que una unidad con niveles moderados de blindaje puede mantener una carga relativamente cercana a la contemplada por el fabricante.

No obstante, cuando el peso es demasiado, aumenta el desgaste de frenos, suspensión y neumáticos, además del consumo de combustible. Por ello, debe existir un análisis del tipo de labores de seguridad que va a cumplir cada vehículo, pues todas estas características deben integrarse bajo un criterio de misión y no simplemente de equipamiento.
Lara señala que un vehículo de patrullaje urbano, una unidad para operaciones tácticas del ejército o una de protección ejecutiva enfrentan riesgos y necesidades distintas. Los vehículos de seguridad deben ser concebidos como una plataforma operativa en la que estructura, materiales, suspensión, frenos, sistema eléctrico, tecnología, comunicaciones, protección y ergonomía funcionen de manera conjunta.
Los especialistas coinciden en que la diferencia entre una unidad convencional y una destinada a la seguridad no está únicamente en colocarle una torreta, una sirena, una cámara, blindaje o una protección adicional, ya que se trata de adaptar una plataforma a una operación que exige disponibilidad, resistencia y capacidad de respuesta.
Aunque la tendencia apunta a desarrollar unidades cada vez más especializadas, también han crecido las conversiones sustentadas en ingeniería, tecnología y evaluación de riesgos. Por tal motivo, los expertos resaltan que para las instituciones y empresas del sector, elegir correctamente significa encontrar el equilibrio entre protección, desempeño, durabilidad y costo operativo, sin perder de vista que el vehículo forma parte de un sistema de seguridad mucho más amplio.
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