La electrificación requiere una política industrial con reglas claras

México es una potencia manufacturera y exportadora, pero menos del 0.1% de los camiones que produce son eléctricos

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Recientemente, el World Resources Institute (WRI) publicó el texto ‘Electrificar el transporte de carga en México: la pieza que falta está del lado de la oferta’, una investigación de Angélica Mazorra e Iván Islas que plantea que la transición hacia la electromovilidad del transporte de carga no depende únicamente de que los transportistas incorporen vehículos eléctricos a sus flotas, sino también de impulsar una política industrial que permita producirlos en México y generar las condiciones para hacerlos competitivos.

En entrevista con Alianza Flotillera, Iván Islas, Director de Economía de WRI México, advierte que el riesgo es que el país avance en la incorporación de unidades eléctricas sin transformar al mismo tiempo aquello que fabrica.

De acuerdo con el especialista, actualmente, buena parte de las políticas de electromovilidad se ha concentrado en el lado de la demanda, mediante incentivos, infraestructura de carga y proyectos piloto. Sin embargo, esta estrategia puede resultar insuficiente para una nación que es considerada uno de los principales productores y exportadores de vehículos pesados.

México es una potencia manufacturera y exportadora de vehículos pesados: exporta alrededor del 77% de los camiones que produce, pero menos del 0.1% de esa producción corresponde a unidades eléctricas. Eso revela una desconexión entre nuestra política de electromovilidad y nuestra política industrial”, explica.

Competitividad en riesgo

Iván Islas apunta que dicho desafío adquiere mayor relevancia ante la evolución regulatoria y tecnológica de los mercados de Estados Unidos y Canadá, estrechamente integrados con la industria mexicana. Si ambos países consolidan estándares y políticas que aceleren la incorporación de vehículos cero emisiones, México podría enfrentar una brecha tecnológica entre sus plantas y los mercados a los que exporta.

El riesgo es que México termine electrificando su transporte con unidades importadas, mientras continúa fabricando tecnologías convencionales para mercados que gradualmente dejarán de demandarlas”, advierte.

En ese sentido, Islas indica que la transformación también plantea un reto para los proveedores y para el sector especializado, pues México todavía depende en buena medida de cadenas internacionales para disponer de tecnologías de mayor valor, como las baterías, motores eléctricos, software y electrónica.

El reto pendiente

En paralelo al reto de transformar la producción, México enfrenta otro desafío inmediato: renovar una flota en la que cerca del 40% de los vehículos pesados tiene alrededor de 20 años o más.

Para una empresa de transporte, una unidad detenida representa ingresos que no se generan, penalizaciones por retrasos y la necesidad de mantener vehículos de respaldo. Además, los camiones antiguos suelen tener menores niveles de telemetría, seguridad activa, diagnóstico preventivo y optimización de rutas. Todo eso afecta la productividad por kilómetro recorrido”.

Iván Islas subraya que acelerar la renovación no significa simplemente retirar los vehículos antiguos, puesto que una parte importante del autotransporte está integrada por pequeños operadores con márgenes reducidos, para quienes adquirir una nueva unidad puede representar una barrera financiera considerable.

Frente a este escenario, los incentivos a la demanda siguen teniendo un papel relevante, pero necesitan complementarse con medidas dirigidas a fabricantes e importadores. Entre las alternativas planteadas por WRI están establecer estándares progresivos de desempeño energético para los vehículos nuevos, generar información comparable sobre consumo, emisiones, autonomía y desempeño, e incorporar posteriormente metas graduales de disponibilidad o venta de unidades cero emisiones.

La propuesta es avanzar de manera gradual: comenzar con estándares de desempeño y un sistema sólido de reporte que permita conocer el mercado y generar una línea base, antes de considerar obligaciones de venta de vehículos cero emisiones”.

Islas apunta que con el fin de diseñar una hoja de ruta, México puede observar experiencias internacionales, aunque sin trasladarlas de manera automática, sino adaptándolas a su realidad y alcance.

En ese tenor, la certidumbre regulatoria es esencial en la articulación de esfuerzos. Para que un fabricante introduzca nuevos modelos necesita conocer hacia dónde se dirige el mercado. De la misma manera, un transportista requiere claridad sobre la infraestructura, el financiamiento, el valor residual y las reglas futuras antes de invertir.

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