La movilidad urbana en México enfrenta retos cada vez más complejos. El crecimiento de las ciudades, el aumento del parque vehicular y la necesidad de contar con sistemas de transporte más eficientes y sustentables han colocado a la academia como un actor clave para generar soluciones.
De acuerdo con el estudio Vehículos en Circulación (VIO) de Integrate Data Facts (IDF), en México circulan 35.1 millones de vehículos, una cifra récord para el país. Del total, 34 millones corresponden a unidades ligeras y 1.1 millones a camiones medianos y pesados, con una edad promedio de 16.2 años. Este panorama no sólo refleja el crecimiento de la movilidad motorizada, sino también la presión que enfrentan las ciudades en materia de infraestructura, transporte público y sostenibilidad.
En este contexto, la vinculación entre academia y movilidad urbana comenzó a consolidarse hace aproximadamente cinco décadas, paralelamente al crecimiento de la mancha urbana. Uno de los principales referentes es la Unidad Profesional Interdisciplinaria de Ingeniería y Ciencias Sociales y Administrativas (UPIICSA) del Instituto Politécnico Nacional, considerada la primera escuela interdisciplinaria del IPN.
Fidel Jesús Cisneros Molina, Jefe del Programa Académico de Ingeniería en Transporte en UPIICSA, explicó, en entrevista con Alianza Flotillera, que la institución inició operaciones en 1972 con las carreras de Ingeniería Industrial y Administración Industrial. Posteriormente, se integró Ciencias de la Informática y, más tarde, Ingeniería en Transporte, como respuesta a las necesidades de movilidad urbana del país.
Hasta 1976 no existía en México una carrera profesional enfocada específicamente en transporte”, señaló.
El académico detalló que a lo largo de cinco décadas, la licenciatura ha evolucionado constantemente para responder a las necesidades del sector público y privado, por lo que el programa ha pasado por ocho rediseños curriculares, incorporando nuevas competencias y tendencias vinculadas con logística, movilidad y cadena de suministro.
En el Instituto Politécnico Nacional tenemos procesos perfectamente estructurados para modificar los programas académicos. Analizamos lo que requiere la iniciativa privada, el sector público y la sociedad para conjuntar todas esas competencias y mantener la vigencia del programa en el mercado laboral”, comentó.
Actualmente, uno de los principales respaldos del programa es su acreditación por parte del Consejo de Acreditación de la Enseñanza de la Ingeniería (CACEI), organismo que avala la calidad de las ingenierías en México a nivel nacional e internacional.
Esta acreditación garantiza que los egresados cuentan con las competencias necesarias para aportar soluciones a problemas específicos de movilidad”, agregó Cisneros Molina.
Red Académica Mexicana por el Transporte Público
Con el objetivo de fortalecer la colaboración entre instituciones educativas y organismos relacionados con la movilidad, surgió la Red Académica Mexicana por el Transporte Público, una iniciativa que durante los últimos dos años ha trabajado en consolidar una comunidad académica enfocada en promover conocimiento y capacidades para mejorar el transporte público en México.
La red actúa en conjunto con organismos como la Asociación Mexicana de Transporte y Movilidad (AMTM), Grupo CISA, el Instituto Mexicano del Transporte (IMT), Intertraffic y la Unión Internacional de Transporte Público (UITP), además de impulsar el intercambio de estudiantes, docentes e investigadores.
Durante el pasado Congreso Internacional de Transporte (CIT), especialistas explicaron que, entre los proyectos que actualmente desarrolla, destaca la creación de un radar tecnológico que permitirá identificar y analizar las diferentes tecnologías disponibles para los sistemas de transporte.
Mario Nieto, Director Adjunto de Operaciones de Grupo CISA, refirió que uno de los grandes desafíos actuales del transporte público es el desequilibrio financiero que enfrentan los sistemas de movilidad en diversas ciudades de América Latina.
El problema es que la tarifa que paga el usuario no corresponde necesariamente a la tarifa técnica, es decir, al costo real de transportar a una persona”, indicó.
Como ejemplo, señaló que mientras en el Metrobús de la Ciudad de México el usuario paga seis pesos, el costo real de trasladarlo puede alcanzar hasta 15 pesos. Esa diferencia debe ser cubierta por los gobiernos locales, situación que genera presiones económicas y dificulta la sostenibilidad financiera de los sistemas de transporte.
Ante este panorama, la Red Académica Mexicana por el Transporte Público busca impulsar proyectos colaborativos entre estudiantes, docentes y empresas para desarrollar soluciones aplicables a problemáticas reales de movilidad. Los resultados y avances de estas iniciativas serán presentados durante el Tercer Congreso de la Red Académica Mexicana por el Transporte Público, programado para el próximo mes de septiembre del año en curso.

Vinculación con empresas y sector público
Uno de los principales retos para las instituciones académicas es fortalecer la vinculación con empresas y organismos públicos.
Fidel Jesús Cisneros explicó que UPIICSA cuenta con áreas especializadas en generar convenios de colaboración, tanto con el sector privado como con dependencias gubernamentales. Además de apoyar en la colocación laboral de egresados, también se promueven prácticas profesionales y servicio social.
Agregó que actualmente, estudiantes y egresados colaboran con organismos como el Metro, Transportes Eléctricos y Metrobús, así como con empresas de logística, paquetería y comercio electrónico, sectores que han registrado un crecimiento acelerado en los últimos años.
El comercio electrónico ha provocado un crecimiento exponencial en las empresas de logística y distribución, por lo que los ingenieros en transporte están siendo cada vez más solicitados”, indicó.
El académico reconoció que uno de los principales desafíos es la difusión de la carrera, pues a pesar de que el programa tiene 50 años, muchas empresas todavía no conocen el perfil del ingeniero en transporte y el valor que puede aportar en temas de movilidad, logística y optimización de procesos”, comentó.
Añadió que actualmente existe una alta demanda de egresados tanto en el sector público como privado, particularmente en proyectos relacionados con nuevas líneas férreas, sistemas de movilidad masiva y transporte por cable como el Cablebús.
Ingeniería, energía y movilidad sustentable
Otra de las instituciones que impulsa proyectos vinculados con movilidad y sustentabilidad es la Unidad Profesional Interdisciplinaria de Energía y Movilidad (UPIEM) del IPN.
Héctor Alonso Benítez García, Profesor de esta unidad académica, mencionó que la escuela nació hace seis años con un enfoque orientado a la energía sustentable, la electromovilidad y la micromovilidad.
La transición hacia la electromovilidad implica también pensar en cómo se genera la energía. En México, cerca del 75% de la electricidad proviene del ciclo combinado, es decir, de la quema de combustibles fósiles”, señaló en entrevista con Alianza Flotillera.
Por ello, la institución trabaja en proyectos enfocados en energías renovables y soluciones sustentables aplicadas a la movilidad. Uno de los desarrollos consiste en un sistema que aprovecha las corrientes de aire generadas por los convoyes del Metro para producir energía eléctrica mediante hélices instaladas en los andenes.
La unidad también mantiene colaboración con empresas privadas y organismos públicos. Entre los proyectos desarrollados destacan iniciativas con Grupo CISA y con la Secretaría de Movilidad de la Ciudad de México (Semovi), particularmente en temas relacionados con ciclovías y micromovilidad.
Benítez García considera que uno de los grandes retos sigue siendo generar una cultura de movilidad que incentive a la población a utilizar más el transporte público y reducir la dependencia del automóvil particular.
Hacer que la gente abandone el automóvil es una transición difícil. El transporte público debe entenderse como un sistema integral y también como un tema cultural”, finalizó.
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