La pluma de: Eugenio Grandio, Presidente de Electro Movilidad Asociación (EMA)
Durante años se habló de la electromovilidad como una transición reservada para los países desarrollados. Los datos ya cuentan otra historia. En 2025 se vendieron más de 20 millones de vehículos eléctricos en el mundo: uno de cada cuatro autos nuevos. Lo más revelador es que varios mercados emergentes avanzaron más rápido que Estados Unidos. Vietnam alcanzó 37% de participación, Tailandia 24% e Indonesia 16%, frente a 9% en el mercado estadounidense.
México corre el riesgo de quedarse atrás por seguir mirando al norte justo cuando Estados Unidos ha decidido desmontar parte de su política federal y eliminar estándares de emisiones vehiculares. Nuestra pregunta no debería ser si imitamos ese retroceso, sino qué necesita nuestra economía. Una NOM-163 poco ambiciosa permite que lleguen tecnologías menos eficientes. No es solamente un problema ambiental: menor eficiencia significa mayor consumo de combustible y mayores costos para familias, transportistas y operadores de flotas.
La contaminación ya tiene consecuencias económicas visibles. Durante las contingencias ambientales se restringe la circulación de vehículos de carga, afectando entregas, productividad y planeación logística. Además, depender de combustibles expone a las empresas a conflictos ocurridos a miles de kilómetros y a variaciones de precios sobre las que no tienen control.
Electrificar una flota no consiste únicamente en cambiar motores. Permite administrar la energía de otra manera: cargar fuera de las horas pico, aprovechar generación solar y, progresivamente, utilizar las baterías para respaldar instalaciones o apoyar la red. También mejora la experiencia de los operadores, quienes suelen acercarse con dudas y después valoran el menor ruido, la comodidad y la facilidad de manejo.
El siguiente paso es dejar atrás los pilotos de una o dos unidades. La última milla, los recorridos entre centros de distribución, el transporte de personal, el escolar y muchas rutas urbanas ya ofrecen condiciones favorables: trayectos predecibles, regreso a patios y largos periodos para recargar. La larga distancia y ciertas aplicaciones pesadas requerirán más infraestructura, pero tampoco pertenecen a un futuro remoto. En China, los eléctricos e híbridos conectables ya representan alrededor de la mitad de las ventas de autos, mientras los camiones de cero emisiones alcanzaron cerca de 29% del mercado en 2025.
México necesita exigir mejor tecnología, ampliar las alternativas para los operadores y acelerar la infraestructura de carga en patios, corredores y estaciones públicas. La pregunta dejó de ser si el país está listo. Para cada empresa, la pregunta es cuánto puede aprender, ahorrar y fortalecer su operación al comenzar ahora una transición que, tarde o temprano, alcanzará a todas las flotas.
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