Tercerización de flotas gana terreno en el transporte y la logística

Mantenimiento, infraestructura, capital de trabajo, seguros, riesgos y capacidad para responder a incrementos de demanda forman parte de la ecuación

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La tercerización de flotas está ganando terreno entre las empresas que buscan concentrar sus recursos en el núcleo de su negocio y dejar en manos de especialistas la administración del transporte. Para Roberto Salmon, Director de Finanzas de Ryder México, esta tendencia responde a una transformación en la manera en que las compañías evalúan sus inversiones y capacidades operativas.

De acuerdo con el directivo, uno de los principales beneficios de este modelo es la posibilidad de liberar capital de trabajo para destinarlo a actividades estratégicas. Una flota propia no implica únicamente la adquisición de vehículos, sino también gastos relacionados con mantenimiento, personal, refacciones e infraestructura. Además de otros costos que pueden permanecer ocultos dentro de la operación.

Muchas veces no solamente es el valor de la adquisición del activo, sino todas las funciones relacionadas con ese activo, como pueden ser el personal de mantenimiento, el personal para gestionar la flota, las refacciones”, explica en entrevista con Alianza Flotillera.

A estos factores se suma la complejidad administrativa que implica gestionar una flota. Permisos, mantenimiento, tecnologías de rastreo y soporte operativo son algunas de las tareas que una empresa debe asumir cuando administra directamente sus activos de transporte.

En ese sentido, la tercerización, señala Salmon, permite trasladar esa complejidad a un proveedor especializado y convertirla en una solución logística integral.

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Flexibilidad para operar

Al apoyarse en una red diversificada de transportistas, las empresas pueden ampliar su capacidad cuando enfrentan picos de demanda que rebasan la infraestructura con la que cuentan. Esto también permite diversificar proveedores y atender necesidades de transporte que, de manera individual, podrían superar la capacidad disponible.

Para Salmon, el modelo también puede modificar la estructura de costos de una compañía. En lugar de enfrentar variaciones asociadas con una flota propia, algunos gastos pueden convertirse en costos más estables y previsibles, facilitando la planeación financiera.

La convertir en una solución logística, en una solución de negocio para tener, llave en mano, sus necesidades cubiertas y entonces enfocarse al núcleo de negocio que quieran”, indica.

Sin embargo, subraya que no existe un porcentaje estándar de ahorro, ya que el impacto depende de las condiciones y características de cada operación.

La elección del proveedor, por tanto, es un aspecto relevante. Entre los factores que deben evaluarse están su experiencia, confiabilidad, cobertura geográfica y solidez financiera. Especialmente porque la operación involucra activos de alto valor que requieren ciclos de renovación y reposición.

Salmon señala que la decisión no depende necesariamente del tamaño de la empresa, sino de su disposición a concentrarse en su actividad principal y permitir que un especialista administre el transporte.

En este proceso, la tecnología también está modificando la gestión de las flotas. El directivo identifica dos tendencias: la incorporación de vehículos con tecnologías más eficientes y un mayor aprovechamiento de la información para planificar y optimizar las operaciones.

En el caso de Ryder, apunta que la antigüedad promedio de su flota pasó de poco menos de seis años a cerca de tres. Lo anterior, a partir de la incorporación de nuevas tecnologías y especificaciones en los vehículos.

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Flotas más productivas y eficientes

Ante este escenario, Roberto Salmon recomienda que las empresas no reduzcan el análisis a la compra del vehículo o al retorno esperado de la inversión, sino que consideren el costo total de operación.

Mantenimiento, infraestructura, capital de trabajo, seguros, riesgos y capacidad para responder a incrementos de demanda forman parte de la ecuación.

Bajo esta perspectiva, decidir entre una flota propia o una tercerizada implica evaluar los activos, los recursos y riesgos necesarios para mantenerlos disponibles y productivos.

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