Daniela Castro encontró el momento preciso para cumplir un sueño postergado por años. Desde joven sintió una fuerte atracción por los tractocamiones, pero la vida la llevó primero por otro camino: el matrimonio, la maternidad y la crianza de sus hijos.
Fue hasta después de una separación, cuando sus hijos ya eran adolescentes, que decidió apostar por sí misma y retomar esa vocación que había permanecido latente durante tanto tiempo.
Con dos hijos, Daniel y Dafne, ya en una etapa de mayor independencia, Daniela entendió que era el momento de reinventarse.
A diferencia de muchas historias donde la maternidad y la profesión llegan de forma simultánea, en su caso fue una decisión consciente.
Daniela esperó a que sus hijos crecieran para poder integrarse a un oficio tan demandante como el autotransporte. Así comenzó un camino que hoy suma casi dos años como operadora de tractocamión.
Desde el inicio, la clave ha sido el trabajo en equipo dentro de su propia familia. Daniela y sus hijos establecieron un acuerdo implícito. Mientras ella se esforzaba por salir adelante en la carretera, ellos asumirían responsabilidades en casa.
Esta dinámica les ha permitido adaptarse a una realidad en la que los horarios no son fijos y la presencia física no siempre es constante, pero donde el compromiso mutuo sostiene el equilibrio familiar.
Tenemos horario de entrada, pero no tenemos horario de salida. Eso ha sido lo más difícil: dejar a mis hijos solos mucho tiempo”, explica en entrevista con Alianza Flotillera.

Sacrificio que han llevado a la madurez
Daniela Castro cuenta que los sacrificios han sido significativos. Fechas importantes, celebraciones y momentos clave muchas veces quedan supeditados a la carga de trabajo.
Sin embargo, siempre busca compensar estas ausencias con tiempo de calidad, aprovechando cada oportunidad para estar presente en los momentos más importantes de sus hijos.
Al mismo tiempo, ellos han desarrollado una madurez anticipada, asumiendo responsabilidades como trámites escolares y gestiones personales cuando su madre no puede estar.
Aquí no hay días festivos ni fechas memorables cuando hay trabajo. Ellos han tenido que madurar; hacer trámites cuando yo no estoy”, señala.

Un legado de esfuerzo y cariño
El camino para llegar a convertirse en operadora también implicó grandes esfuerzos. Daniela combinó estudios, trabajo y responsabilidades domésticas en jornadas extenuantes en las que aprendía a conducir por las noches y cumplía con su rutina diaria durante el día.
“Fue muy cansado”, admite, pero también asegura que no se arrepiente y que volvería a hacerlo.
Ese proceso de formación, lleno de disciplina y sacrificio, se ha convertido hoy en una de sus principales fuentes de orgullo.
Su mayor motivación son sus hijos. Como madre soltera, sabe que su trabajo no sólo representa un ingreso, sino la posibilidad de brindarles un futuro mejor.
Mis hijos dependen de mí. Eso me motiva todos los días. Quiero que me recuerden como una mamá perseverante y esforzada”, subraya.
Esta convicción es la que la impulsa a levantarse cada día y enfrentar las exigencias del oficio, con la meta de que sus hijos concluyan sus estudios y construyan su propio camino.
A futuro, Daniela se visualiza permaneciendo en el autotransporte durante muchos años más. Disfruta profundamente su trabajo, especialmente la conducción y las maniobras, que en algún momento fueron un reto y hoy son parte de su pasión.
Más allá de su historia personal, también hace un llamado a la industria para abrir más oportunidades a las mujeres, derribar prejuicios y reconocer que, con la misma responsabilidad y compromiso, ellas pueden desempeñar este oficio.
Quiero seguir aquí los años que Dios me preste vida. Todo lo que hago es por ellos y para ellos”, expresa.


